miércoles, 25 de febrero de 2015

Crisantemo

Mordiste un crisantemo
y escupiste el trozo, el trazo
mientras bajos los ojos se
dibujaron, tus morenas pestañas
jugaron a ser represa,
inundándose.

Sentiste lo justo y lo injusto,
en tan sólo ese segundito que
duró el sabor a crisantemo
en tu boca
(una mancha de color sobre
el pálido tembloroso de tu
piel,
pálida ¿pálida de ser consciente de
lo justo y lo injusto?
¿lo terrible y lo hermoso,
lo fértil y lo desperdigado,
la vida y las masacres?
¿lo que es singular y lo que es plural
lo santo y lo profano?)

Todo por culpa de un
crisantemo dialéctico:
la contradicción como principio elemental
también fue constatación, consciencia y realidad
en un solo acto violento
por su propio vértigo.

Tus dientes apenas estaban imaginandosé
la textura sedosa de ese exquisito
crisantemo, a unos pocos centímetros de él,
cuando ya tus ojos podían ver
(como a través de un velo acuoso)
lo exquisito y lo espantoso, o bien,
lo sutil y lo grotesco;
lo que trasciende y lo que se encierra,
o por qué no,
lo irreductible y lo negociable;
lo colectivo y lo individual
(que es decir: lo salado y lo dulce,
pero especialmente lo amargo)

Tu boca y el crisantemo,
tus dientes y el crisantemo,
tus papilas gustativas y ése crisantemo,
tu lengua y ése crisantemo,
tus ojos lluviosos y el crisantemo,
tus pestañas que juegan a ser represa
y nuestro crisantemo...

¡Ay, nena, apenas una pizca de vida dorada
te bastó para conocer todo lo Todo que es el Todo!

jueves, 19 de febrero de 2015

Alegría candombe

El frío de los pobres que un día triunfarán/ cruje
en el fondo del país/ torturado/ callado
crepita otoñando padeceres/ se le caen
hojitas/ dolores secos/ van al suelo/ se pudren

alimentando la furia que vendrá/ alma mía
que así crecés contra las bestias/ dame
valor o fuego/ pueda podrirme/ continuar/
para que se coma la victoria

(El frío de los pobres – Juan Gelman)


¿Es el candombe la música de los muchos cielos? ¿Es su alegría la canción para los días de la vida? ¿Sabe a risa y libertad y se sienta en la piel como plumas rozandolá o como cascadas frías sobre nuestras espaldas? ¿Es el candombe la alegría que es canción para los días de la vida?
Y sí: callado, calloso, de golpe te exalta los párpados como si no supiera pedir permiso, pero se ríe con esos tintes a monedas portuguesas de siglo XIX y a uno los huequitos de las mejillas se le forman apurados, sin preguntar. ¿Contagia esa especie de ternura, o es nuestra propia debilidad a lo hermosamente obviado? ¿Saben las verdades verdaderas y los patrones de ritmo de los tambores eclécticos?
Cantando otra vez, me dije: no basta con sentir el cielo entre los dedos vírgenes de esos algodones, nos impulsamos ambiciosos entre pajaritos, medio disculpándonos pero medio llenos de preguntas sobre el Sol, que se asoma apenitas más allá, sobre la barriga redondeada de una nube blanca con pinta de señora malhumorada.
¿Y si el candombe es la alegría de los muchos vientos convertido en canción para los días de la vida? ¿y si es el canto de algún dios, alguna diosa distraídx que visitó la Tierra y se olvidó un tarareo divino que luego se llamó y sintió así: alegría? ¿Y alguien tradujo: candombe? Porque a veces pareciera necesario ser sutil y cuando se quiere interiormente decir alegría, se dice candombe y chau, que es casi lo mismo pero más dulce y enrevesado.
¿Y por qué no va a ser el candombe el brote de las muchas plantas? ¿Acaso no son plantas las que lo bailan escandalizadas en su propia borrachera de candombes anteriores-o sea, de alegrías- esos ritmos agiteros y agitadores, los tibios alcoholes? ¿Las plantas de los pies, no serán quizás la materialidad misma de la alegría de los muchos dientes que se sonríen sabrosos de felicidad que no se nubla con tanto penar y complicaciones varias?
¿Es el candombe la música de los tantos libres que se hartaron de ser esclavos y rompieron las cadenas aunque más no sea simbólicamente por unos ratitos, en ese baile caliente y seductor, golpeteando las muy masticadas rabias y sublimando los muy acarreados dolorcitos del alma, hasta convertir todo en una masa tierna y suave, que por qué no, podemos llamar alegría, o por áhi, si sutiezas tampoco mal no nos venían, digo yo, a lo mejor preferimos llamarla, quedamente y entre dientes, candombe?

viernes, 6 de febrero de 2015

Apenitas murmurando músicas

Dormí estrellado en estrellas
como queriendo ser una,
como recorrido por lucecitas
y destellos
salpicaduras platino viejo
pero deslumbración también
dejos de perfume

Dormí entre monte
así: espesura de bajas alturas
pero frescamente intrusa
de mis poros tibios de atardeceres
y soles anaranjados
cálidos como un mate amanecedor
calurosos como brasas encendidas
como tortillas recién hechitas
sin querer

Dormí entre bichitos de luz
rayos nocturnos que se me compartían
dulcemente oscuros (como secreteando)
y de golpe: el resplandor eterno.
La tormenta y el átomo
desarmándose entre esos campos
de gentes de barro,
de espinas y hojas para las penitas
los dolores: sapiencia derramada,
así: como inexorablemente bien,
sabiéndose proyectada al mañana
y enraizada en el día dormido en humus
los tallos y los frutos
también las manitas ásperas
de dar amor
porque el amor nos pone ásperos
pero dulces donde no se vé

Dormí envuelto en toda esa hermosura
de sonrisas morenas y ojos intensos
me caminé entre los polvos del camino
y los barros de los espejos
olvidé mi rostro y mis vellos,
mis dedos desconcertados
apenitas susurrando músicas
entre tanta soledad acompañada
atravesantemente.

Me dormí.
¿Te cuento un secreto dulce
como caricias de niño dormido?
Al despertar, decidí
seguir soñando.