viernes, 30 de agosto de 2013

Mi propio brujo

Hoy saqué el candado de la Gran Puerta. Lo transformé en líquido, denso, negro, frente a mis ojos. Del otro lado me encuentro con una habitación. Siete puertas blancas me dividen del futuro, ya que la decisión será tomada después del presente. No hay alternativa: no la hay. Elijo la cuarta. Me detengo. El camino no continúa del otro lado, no. Se detiene en dos baldosas púrpuras. Y la jungla me asfixia en todos los costados. Tengo que trepar, pero ¿a dónde? Adelante mío veo mis ojos. Gigantescos. Terribles. Son los míos, mis propios ojos. Y lloro. Lloro de forma tan fuerte y dolorosa.
No puedo mirarme a mi mismo. La imagen me resulta tan grotesca, insoportable. Quiero clavar una estaca en mi iris. Pero no llego. Sin embargo imagino que lo hago.
Qué fácil que es imaginar. Pero es tan asqueroso. Repudio el aire que me rodea. Es denso, como olor a muerto. Como un cadáver en mi mismo. Soy un cadáver. Una calavera. ¡Ah, pero tengo todas las respuestas! Desde aquí, sí. En la cima de la montaña.
Por suerte ya se disiparon los huesos. Ahora la nieve. Y me hundo. ¿Abajo del cerro esta el lago? ¿o acaso estoy nadando en mi propio líquido amniótico? Soy la creación. Soy el universo. Soy esa leyenda que nunca se contó. Soy barro. Pero barro con sangre. Soy pus. Soy piel quemada. Ardiendo. Soy el infierno. Soy un dios asesino. Me desgarro mi propia piel. Escarbo en mí. Nado en mi vientre, soy mi propio bebé. Soy mi hijo. Me veo desde mi mente, pero tan puro ¡ay!, tan hermoso, que me rozo apenas y me transformo en toda la luz del infinito. Esa como amarilla clara. Eterna. Nunca para.
Y me trago mis palabras. Una a una. Liebre, libertad, librería, libra. Continúo con la H. Me rasco un poco la pera y noto un lunar. Lo abro. Adentro está mi guitarra. ¡Qué buen momento para acariciarla! Pero ya no es ella: es lodo. Mi guitarra está hecha de lodo. Salen gotas disparadas en el rasguido. Notas disipadas en el rugido. Y todo calla. Calma. Calma al fin. Todo para. Soy mi propio brujo.

jueves, 29 de agosto de 2013

El que es viendo

Me veo siendo y soy viendo. Viendo, miro y me hago: me doy a luz, me nazco. Naciéndome veo dándome a luz; mirando al veedor soy observador. Solo veo. Y miro. Y soy. Y no al revés, no de otro modo. 
Y esto es así porque en mis ojos vive el ser que ve y que mira, el que yo hice la primera vez que vi. El más innato de todos mis seres. El que ve mirando. El que es viendo.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Diálogos

Jeredeve: ¡Ah! Finalmente llegué hasta arriba. La noche se disipa densa entre mis venas. Todo se ve tan mínimo desde acá. Si me tiro, ¿la gravedad me tragará? Y si es un sueño, ¿podré volar?

Tupac: Y si la gravedad no te traga, al menos lo hará el recuerdo, o el olvido. Y si es un sueño, volarás solo si en el sueño eso vale.

Jeredeve: Entonces voy a transformar de ensueño mi realidad. Quiero volar y que el viento me roce frío los pies.

Tupac: Y de paso, desmentir a quienes piensen que del aire no se puede vivir.

Jeredeve: Ah, y ser aire y noche. Que lindo ser noche.

Tupac: Lo mas terrible de ser noche es tener pavor de convertirte en día.

Jeredeve:  ¿Cuál es mas hermoso?, ¿El día o la noche?

Tupac: ¿Qué es la hermosura? ¿La diurna o la nocturna?  Es más hermoso aquel que no se piense a sí mismo como el más hermoso.

Jeredeve:  La una con la otra.

Tupac:  Sin la otra, no existe la primera. Es la simbiosis perfecta del día-noche noche-día.

Jeredeve: Luz y oscuridad, ¿no? Pero la oscuridad es bella también.

Tupac:  Sí, lo es... absolutamente. Solamente en la oscuridad podés ver el cielo estrellado, la vía láctea y la luna llena. ¿Existen los grises?

Jeredeve:  Sí claro, cuando todavía no salió el sol, pero ya esta aclarando el día.

Tupac: El eterno resplandor.

Jeredeve: ¡Qué bueno! Que nos alimente la luz, que nos abrace la oscuridad.

Tupac: ¿Se puede tener algo etéreo, como el sueño?

Jeredeve:  ¡Sí! Seamos etéreos para que el día no nos agarre desprevenidos, acurrucados en la noche.

Tupac: Que nos podamos deslizar entre amaneceres y ocasos.

Jeredeve: Inhertes.

Tupac: Exacerbados.

Jeredeve: Plenos.

Tupac: Sumidos en la vorágine de nuestro devenir. Sin poder salir a caminar entre campos y arroyos.

Jeredeve: Como en equilibrio en un cometa, y al costado, ¡ay!... la caída.

Tupac: Y la muerte final. Tragado por la gravedad y el olvido. Y sin recordar siquiera cómo se volaba.

martes, 27 de agosto de 2013

Voy a ver si puedo correr*

Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pie. Quiero aprender a volar. No dejen que deje de volar. Quiero poder elevarme. Tengo, amo, debo, necesito aprender a volar. Mi panza es una reja que filtra las penas hechas nudo, las amasija y pesa toneladas: y quiero volar. Quiero despegar, quiero que las caras se asombren, se perfilen, se asusten. Que los gritos sean llamados a otros vientos, que la brisa se ría de la lluvia en nuestras caras y que la espuma nos hinche de placer. Quiero aprender a volar entre tanto caminante, tanto traseunte, tanto hombre olvidadizo de volar, de salir volando como un loco, como un violinista, como una guirnalda, como un duende que regresa, que nuca calla, él solo se desprende y sólo se asemeja a las guirnaldas, que en Fa sostenido menor te escupen todo su cifrado en las mejillas. No tengo el respiro, no lo necesito, solamente me pesan los hilos de los nombres, los que suenan como mi guitarra. Para poder aprender a volar he de tener más tiempo, aprender a ser luz entre tanta gente detrás. Y digo detrás porque las sombras confunden cuando desde frente no brotan. Solo el aire que me eleva, el de las plumas ligeras, el de la azul suavidad, el que se abrió y tiene corazón y de lata y mantel y guiños de verdad. El aire me eleva y yo aprendo a volar entre esta gente de pie, que solo se adormece. Y es que nunca callo, solo me desprendo y soy igual a esas guirnaldas.

*basado en la letra 'Canción para los días de la vida' (L. A. Spinetta)

miércoles, 21 de agosto de 2013

Palabras

Me decidí a escribir. ¿Se puede escribir la música? Con partituras, claro. ¿Pero se puede escribir con palabras? ¿Se puede dibujar? Yo creo que sí. ¿Y se puede escribir el amor? ¿Se puede plasmar en palabras, letras, espacios, comas, signos, el amor? Si yo digo yo te amo, estoy diciendo algo. O yo te adoro, o me encantás, o te admiro, o me hacés bien (como redujo de forma tan simple Drexler). Pero, ¿Dice algo realmente? ¿Cómo es que una expresión tan coloquial puede definir algo tan único, elevado y abstracto como un sentimiento? ¿Cómo es que nos aferramos a las palabras? Es lo único que tenemos, claro. Palabras. Enojado, denota una situación. Frustrado ya es más denso. ¡Pero es todo tan relativo! Jaja... Es imposible. Las palabras, nuestros fieles luceros en el horizonte, guías; nuestros anclas, nuestra piedra sobresaliente del acantilado, son nuestro delirio. Las palabras son un delirio. No son nada. Son letras apenas. Me dan asco las palabras dijo Sancamaleón, y lo entiendo. Son ruines y traicioneras. Son tan poderosas que inclinan imperios, socavan desiertos, resucitan cadáveres putrefactos. Putrefacto; una palabra tan asquerosa. ¿Pero lo es la palabra, o la imagen que tenemos de su significado? El rojo no es rojo, es una ilusión. Podríamos llamar rojo al amarillo y nadie se lo cuestionaría. ¿O qué, la palabra rojo es más cálida? ¿Y la palabra infinito? ¿Abarca el infinito? Eso quisiéramos  Ni siquiera la palabra lago abarca un lago. Sólo una idea, etérea. Es repugnante. No tenemos nada. Nos desintegramos en palabras que son tan pasajeras. Sin embargo marcan la vida y sí: las palabras son todo lo que tenemos para mostrar lo que somos. Parecería triste, pero triste es tan solo una palabra.

martes, 13 de agosto de 2013

Asociación cerebral: (un) Salto imprevisto.

Un salto. Una caída. Un choque, estallido. Bomba atómica. Hongo nuclear. Una voz: auxilio, ¡Auxilio!, ayuda. Perdón. Perdón por nada, por lo que no fue.
Cítaras. Unas melodías. Respiraciones agitadas, esforzadas. Lucha de día a día: el no morir y el sí vivir. La imposibilidad del ser desnudo más allá de las limitaciones gramaticales. El cómo por pregunta, el no por respuesta y el porque sí por explicación. Un absurdo. Un ridículo.
Improbable; un suceso. Incomprensible, inalterable en su dureza pétrea.
Una pregunta, un vacío existencial. Una añoranza. Dos, tres, cuatro recuerdos.
Un pasado. Un aullido interminable; una proclama (¡Mañana es mejor, mañana es mejor, ah!). Un desafío y una constatación. Una pluma ligera caída del sol. La luna y la marea. Una simbiosis. Una mesa de madera rústica y añeja. Una bebida alcohólica. Una adicción. Un laberinto subterráneo de pasajes breves como pestañas de invierno. 
Una pena y un lamento.
Un cadáver exquisito. Un plagio. Seis venas, nena boba. Dos amantes, un abrir y cerrar de ojos. Tristeza, rencor. Asombro y un llanto; desilusión. Alguien toca el contrabajo: pizzicato. Escuchen.
Un canto agobiado, un desierto caluroso. Un paraje, una estela de ondas surcando las agua. Un navío anclado en un mar helado. Sus velas son fuego. Una crisis. Nubes de algodón, melodías tristes, acordes menores. Jazz. Zambas y carnavalitos. Nueva Trova Cubana, dulce, hermosa.
Un trozo de tierra y mil batallas. 
Un detalle: uno imprevisto.


sábado, 10 de agosto de 2013

La Anónima (revista de alumnos de la EMPA)

Les dejo un enlace para que lean esta revista en Internet, muy buena, que hacen alumnos de la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Está excelente, tiene poesías, reflexiones, relatos, cuentos, algunos dibujos y algunos números hasta tienen partituras de autoría de los diferentes chicos y chicas que mandan sus cosas para colaborar con la revista y hacerla cada número más gordita. Este es el número 3 y si buscan pueden leer los anteriores. Además de que está muy buena, la comparto porque entre los relatos que salieron está 'El descubrimiento de un filósofo (o la pregunta sin respuesta)', uno de los textos que subí antes a este blog. Eeeeeen fin, que degusten y gusten. Salutes.

Revista
http://issuu.com/sersurediciones/docs/la_an__nima_n__mero_3_digital?e=7945675%2F4327020

domingo, 4 de agosto de 2013

Encuentro en el Estudio: Divididos

Les dejo un buen documental para ver con música. Encuentro en el estudio, con Divididos. Muy buen programa este realmente. Que disfruten.


sábado, 3 de agosto de 2013

Más feo que

Más feo que pisar mierda descalzo. Más feo que patada en los huevos. Más feo que que te corten el agua caliente en medio de la ducha; o más feo que final de álgebra. Más feo que beso de vieja con dentadura postiza. Más feo que laburo de 18 horas... más feo tener fiebre en tu cumpleaños. Más feo que torta de chocolate sin el dulce de leche. Más feo que resaca con un viaje de 5 o más horas por delante; más feo que perderse fumado y más feo todavía que llegar a tu casa con bajón y que no haya nada para lastrar. Peor: más feo que llegar cagado de hambre y solo haya arroz o milanesa de soja. Más feo que tequilazo sin limón ni sal; más feo que Cordera sin la Bersuit. Más feo que viajar en el subte con 40°C en hora pico; o sino, más feo que no saber en qué carajo gastaste tanta guita la noche anterior; más feo que que te digan: "¡cómo te vi anoche!" y ni te acuerdes que viste a esa persona. Peor que ver algo que no quisieras ver, y sin embargo está ahi, delante tuyo, mostrándote y demostrándote toda su evidente existencia, demoledoramente real.

viernes, 26 de julio de 2013

Perros de nadie - Esteban Valentino

Subo un libro muy pero muy bueno, de un escritor argentino que se llama Esteban Valentino. Es uno de los escritores que más me gustan, porque tiene un estilo muy particular, una cuestión de variar en muchas de sus obras de tercera persona a primera, y volver y generar cierto caos que va aumentando la tensión... además es muy profundo en su mensaje y elije palabras que pueden introducirse en nuestros ojos, nuestros seres, rozando las partes más suaves, las más sensibles. Perros de Nadie es un libro que describe dos historias básicamente, que en realidad son las historias de miles: pibes de la villa, de barrios olvidados por gran parte de la sociedad, donde los niños son hombres desde muy pendejitos. Estas historias, donde tienen que sobrevivir como puedan al avasallamiento de un sistema entero que los quiere marginar. Muy bello, por momentos duro (si se logra entrelazarse con la historia) y con un final increíble. Otros libros del mismo autor que recomiendo mucho son: Todos los soles mienten, Un desierto lleno de gente (cuentos) y La soga. Que disfruten, locos-locas.

Link*:  http://www.mediafire.com/view/x19d2v6ljl6blbr/Perros_de_Nadie.pdf

*Se puede leer en internet o descargar.

martes, 23 de julio de 2013

Live at Pompey - Pink Floyd

Les comparto una excelente película recital/documental de Pink Floyd, que fue grabada en Pompeya en 1972 y presentada en 1974 (si no me equivoco). Está genial, recomiendo ver con las luces apagadas y buen volumen, y no sigo agregando sugerencias porque dirán que hago apología a las cositas ilegales.


Sin más, Vivo en Pompeya de Pink Floyd.


El mapache de rama

El era un mapache hecho de rama. Se topaba con la chispa y temblaba; se topaba con los suyos y se avergonzaba. Era único. No tenía igual; no tenía par. Y por eso lloraba solo. Pero no muy fuerte, para no humedecerse.
De repente la tierra quería tragarlo. Otro día una liebre lo masticaba, y él se desprendía gritando: “¡No soy una rama!, solo soy distinto”. Solo era distinto. Pero a la noche le costaba raíces, y de día cortezas. Tenía fuertes sueños en que se lamía sus ligeros pelos marrón claro. Ahí todo era hermoso y se podía bañar en el agua transparente. Pero luego se volvía pesadilla y se quedaba clavado convertido en tronco en un desierto eternamente.
Paso que un día, mientras se rascaba una lombriz que anidaba en él, vislumbró una pequeña lenga que descansaba en una colina. Se acercó para olerla de cerca. Era frágil y fuerte al mismo tiempo, y la savia corría dulce en ella como una cascada en enero. Se enamoró. Entonces se lamentó de su condición de rama putrefacta en un cuerpo condenado a perecer. El sol se apuraba a hundirse a lo lejos, entre los últimos resquicios de unos sauces viejos.

De repente pasó una libélula y el correr del tiempo descansó por un momento. Entonces el mapache se dio cuenta que era cortezas y raíces, y no pelaje marrón. Se dio cuenta que era rama y no mapache. Pero se dijo a sí que podía pelear por ser la rama más vigorosa y clara del valle.

miércoles, 17 de julio de 2013

De cómo el viento se fue al sur

¿No ves aquella estrella? - muchacha pregunta, descalza, y acaricia el vano de la puerta.
No, no la veo. La respiro - muchacho que es puerta, recibe la caricia y la deposita en un recuerdo. La madera cruje. 
Convidame su olor, hombre-niño - pide ella, anhelante.
El hombre-niño se inclina y agita el aire en las pupilas hermosas de la mujer. Luego las toca con la punta de la yema de sus dedos, siente el agua de los ojos y condensa toda la humedad de su ser en una sola gota. La gota no se ve por ningún lado.
¿Y, te gusta el olor? - pregunta, pensativo. Algo lo preocupa, o lo ocupa. Está un poco lejos, flotando.
Ajam, sí, me gusta. Se parece a vos, el olor de la estrella. No a tu olor, sino a vos. Se ve que respiraste un poquito de vos cuando me respiraste el olor de la estrella. Se te escapó una gota de tu esencia - sugiere la muchacha ojos de papel.
Ya sé... sí, te regalo esa gota de mi esencia. Bebela, o depositala en aquel arroyo. Tiene un poquitito de luz de estrella, también - explica el niño, el joven, el anciano. El ser sin tiempo. Estridencias se escapan de los brotes psicodélicos de las plantas que observan, las estrellas se dilatan y multiplican y son solo constelaciones infinitas que se ciernen sobre ellos: los inmortales dos.
Abrazame - piden juntos. Se ríen y se abrazan; tal vez también se besan. Los amaneceres se suceden, sin transcurrir.
Ahora me voy - se excusa él. La mirada de ella es de acusación. A él le duele, pero no deja de hacer lo que está haciendo. Cuelga unas sogas de su barca y la empuja aguas adentro, sobre aquel cielo líquido, reflejo de un cielo intangible, que no saben si existe o si lo están soñando. Los remos se sumergen con rumores profundos y las ondas de agua expiran antes de tocar la mano de la mujer, que ha envejecido de pronto. Sus dedos arrugados rozan la superficie del lago-cielo y cuentan estrellas. Odia las despedidas; de hecho no las comprende. El hombre, ahora anciano, lo sabe, pero no puede hacer nada. Solo remar entre esos hilos de plata suaves. La luna deja caer un halo de neblina sobre los amantes, para que sea más rápida la separación. La muchacha que recién era vieja, al instante siguiente es niña frágil y abandonada. Derrama lágrimas de bronca, de miedo, de amor o no sé de qué. Entre ellas, se escurre la gota que el hombre-niño le había regalado.
La gota apenas besa la superficie del lago-cielo y se congela, tanto es el hielo que emana de la tristeza de la barca: la barca-vida que se lleva al hombre-niño lejos de su amor-odio, que yace casi desvanecido en la playa-pasado.

sábado, 13 de julio de 2013

Paisajes: Las vías del tren

Tocata al atardecer. Este lugar es especial, completamente distinto. En las vías del tren, a los lados, el pasto está cortado y huele fresco y terroso. Unos buenos árboles regalan sombras y sus hojas se hamacan suaves. El promontorio de las vías se eleva perfecto y como no hay grandes edificios cerca, se crea la ilusión de estar en el campo.
Disfruto de unos mates: el calor subiéndome por el cuerpo, el vapor, la hermosa visión del mate humeante y la yerba seca amontonada en una prolija pila. Mi amigo y sus cabellos locos, bañados por una mezcla de luz rosa, naranja y amarilla, cálida y dorada. El hombre-niño desliza los acordes por entre briznas de pasto. Llegan en olas marinas de música a mis oídos, y yo los recojo, los acuno y los acaricio. Las dulces notas, la bella música y la dorada luz de un atardecer que se escurre. Uno más, de tantos.
Nos ponemos viejos, pero no nos importa.

Paisajes: Desde este Café

Desde este café la calle se ve distinta. Afuera, el invierno; adentro, esta suerte de primavera otoñal, cálida y leñosa. El café espera espumoso y arroja esos vapores que prometen incendiar mi congelada garganta. Las facturas ruegan por conocer mi dentadura, y mi estómago pide otro tanto.
Lindo rito, este de tomarse algo caliente, observar la calle gris invernal y escribir algo en las páginas amarillentas de viajes. Lindo rito.
Tiene un no-sé-qué muy atractivo observar las caras coloradas de frío de la gente, acurrucada entre sus ropas, con los cuellos ceñidos y apresurando el paso.
También tiene un no-sé-qué atractivo mirar el cielo lleno de nubes anochecerse y dejar caer esas minúsculas lágrimas de rocío iridiscente. Dulce toque nocturno: las luces de los autos corren veloces y acompasadas; comparten su color con lo oscuro.

domingo, 7 de julio de 2013

Fotito

Una linda foto que encontré por ahí


Dicen, a veces dicen.

Dicen que las mujeres y hombres que aman el arte son muy dulces, muy hermosos al hacer el amor. La única razón de esto es que saben, sienten, que la Mujer o el Hombre son obras de arte, del más puro y elevado arte, y cuando se tocan entre sí, tienen la suavidad de quien toma una obra maestra. Solo cuando están desnudos, en absoluta exposición, surge la escultura que somos todos: cada mujer, cada hombre. Y está bien que sea así. Sin embargo, también dicen que no todos pueden hacer el amor. 
Y es que no todos pueden ver la escultura, la música o la pintura que es la desnudez. Solo el que sienta al amor como un arte, (no importa si es amor entendido como enamoramiento, o como simple pasión por la danza de los cuerpos) solo el que sea un artista de las caricias, de los besos y los cuerpos desnudos, los suspiros y también la piel incendiada; solo aquel que disfrute conociendo los secretos que el cuerpo exuda, y entienda que como todo en la vida, el amor también es un arte; dicen que solo el ser humano que logre eso será inmortal por unos pocos segundos.

sábado, 6 de julio de 2013

Sueño con artistas

Tuve el sueño más hermoso de cuantos tuve, o al menos, de cuantos recuerdo. Amanecía o atardecía en mi casa de las montañas. La luz entraba dorada por la ventana e iluminaba todo, dándole un aire de perfecta armonía a la habitación. Yo, detrás de un sillón, observaba a las personas que estaban sentadas en ronda, sobre otros sillones o sillas. 
Primero fijé la atención en el que estaba más próximo a mí: David Lebón tocaba su guitarra, improvisaba, jugaba con los sonidos y con su voz tan fascinante. Giro mi cabeza y miro al que se sienta a su lado. Spinetta, dorado, lleno de vida y de música. Luis Alberto, con una guitarra gastada, de color bronce con óxido, como herrumbrada, de un sonido único, divino. Sonreía feliz el Flaco y disfrutaba del arte. La luz lo envolvía y lo iluminaba de una manera distinta a los demás en la habitación. Más allá y con un piano eléctrico, Charly García, el de ahorita, pero sano, fresco: sonriente y ágil, como los viejos tiempos. Los dedos flacos danzando entre las teclas y soleando sobre una base de jazz que los compañeros le ofrecían. Daba cátedra de solos de piano, era pura música, puro arte indómito y todos reían felices de verlo bien al loco Charly. 
Yo iba rodeando el sillón de David y Luis, y veía a Rodolfo García, el batero de Almendra, tocando suavemente una base exquisita. A su lado, intercambiando miradas de complicidad, Pedro Aznar y su bajo, extensión de los brazos y dedos. También estaba León Gieco, con su armónica y su presencia inevitablemente llamativa. Todos emanaban felicidad, gozo, arte y música. Todos estaban sonrientes de verlo al Flaco vivito y coleando, tocando con ellos, y a Charly tan sano y tan virtuoso como en sus mejores años. Todos tocaban para ellos dos, y para mí, que había terminado de rodear el sillón y, sentado en el piso de frente a Lebón y Spinetta, me limitaba simplemente a mirarlos embobado, tratando de entender por qué me visitaba el Flaco Luis, y por qué estaban todos en mi casa, disfrutando plenamente del encuentro. 
La verdad es que muchos dirán que fue un sueño. Pero no, es vida… yo ahora ya sé qué se siente escucharlos a centímetros de distancia, al alcance de la mano. Sé que se siente contarles los dientes de la sonrisa, y sé cómo se ven los artistas cuando retornan de la muerte para la última canción. La melodía nunca acaba; la melodía sigue.

viernes, 5 de julio de 2013

Sentidos

Cada vez que vuelvo a mi pueblo es distinto. En cada oportunidad, mis sentidos tuvieron distinto contacto con el mundo que es mi pueblito, la comarca, la región.
Recuerdo la primera vez que volví después de estar varios meses afuera. Se me llenaron los ojos de belleza, de amor por los árboles y de pasión por el agua corriendo helada en los arroyos de deshielo. Recuerdo mirar hacia el atardecer rosado, las nubes pintando plumas de colores entre las pinceladas de nieve de las altas cumbres, todo colorido por el Sol que se acunaba en el anochecer. Me acuerdo de levantar los ojos al cielo nocturno y contar las estrellas mil veces, porque era lo que más extrañaba de la cordillera: la abundancia de estrellas con las que yo simplemente me pierdo, quedo absorto en su contemplación. Las pupilas recogían su luz, la acunaban y yo contaba y contaba estrellas, constelaciones y planetas. Siento ahora mismo, mientras escribo, la sensación de intentar atrapar para siempre el hermoso recuerdo del cielo estrellado en mi mente, para cuando volviera a la ciudad.
La segunda vez... en verano. Fue el tacto. Sentir con la yema de los dedos todas las cosas, intentar descubrir su esencia con tan solo acariciarlas, frotarlas entre mis dedos y pulirlas. Estaba en el lago y todo mi cuerpo se centraba en sentir por el tacto. No es algo que decidiera, simplemente ocurría así: primero la vista, ahora el tacto. Hundía mis manos en la arena y la dejaba deslizarse por entre los dedos, sintiendo la aspereza de cada grano. Mis pies absorbían el calor que se desprendía de las piedras, y cuando me sumergía en el agua fresca del río o de lago, jugaba a sentir en cada mínimo centímetro de mi piel, en cada cabello, las ondas húmedas recorriéndome, refrescándome. Tocaba las cortezas de los árboles e intentaba reconocer las vetas y las grietas; pulsaba mi guitarra para hacer música. Acariciando y recorriendo con los dedos, con la piel entera, reconocí el mundo.
La tercera vez, y la última por ahora, fue el olor. Apenas entré en mi casa me invadió un olor agradable, exquisito. La nariz rió fascinada, contenta de los perfumes. Después, mientras charlaba con mis viejos, también: de la ventana entraba una mezcla de aroma a leña, tierra húmeda y pasto cortado. Caminando las calles de mi tierra, dejaba arrastrarme por el sentido del olfato. Divisaba lugares y personas, sintiendo su perfume, su aroma. El olor a escuela, tan único; el olor a auto propio; el olor de mi almohada; el de mis amigos, cada uno con su propio aroma, único entre mil aromas. Los muebles de madera, perfumados de esencia viva, los que se desprendían de las hojas mojadas de los bosques cordilleranos. Mi olfato no descansa en esta visita de sentir los aromas de esta parte del mundo.
No sé que sentido tocará la próxima vez, solo espero que cuando termine con el gusto y el oído, descubra nuevos sentidos, para que cada retorno sea distinto en el sentir de mis pasiones.

El principito (Antoine de Saint-Exupéry)

Acá va un libro, un clásico de la literatura, quizás uno de los libros más dulces y bellos. Dejo un link para que lo puedan descargar; los que no lo hayan leído, estaría genial que lo hagan, y los que lo leyeron, está bueno tenerlo siempre a mano para cada tanto dar una miradita y llenarse de esas líneas.

Link de descarga

http://www.mediafire.com/view/j9f6390vkjgzu3m/principito.pdf

martes, 2 de julio de 2013

Bobby McFerrin & Richard Bona

Aquí les dejo un increíble video de Bobby McFerrin con Richard Bona, dos de mis ídolos. Tiene una calidad buena, lo único son dos videos. Una joyita en resumen. Disfrutad!


Diálogos de guerrilla

Ernesto: ¿Y? ¿Y ahora qué hacemos?

Ramón: Tranquilo, no hay nada qué hacer. Cálmate chico, espera.

Ernesto: Bueno, pero no te entiendo. Che, alcanzame mi botiquín. Yo confío en vos, ¿no? Pero no sé qué hacemos ahora. Estamos esperando, no hay nada que hacer, decís vos. No sé. Por más que miro en profundo, no logro sacar toda la represalia dentro. La tengo grabada en la piel, ¿entendés? Está ahí, aguijonándome los pulmones. No la soporto más, quiero cagarla a tiros.

Ramón: Eh, compadre, mira que tienes cosas pa' cagar a tiros. Yo no desperdiciaría  municiones con una enfermedad, poco harán las balas… escucha, hombre. Allí en la espesura, un rumor como de hojarasca pisoteada. ¿Y tú que crees, será de los nuestros?

Ernesto: Qué se yo. Vos sos el que sabe distinguir esas cosas. Yo soy un médico, nada más. Igual si tuviera que arriesgar, no me esperanzaría. Qué bello el día, qué hermosos los aires. Mucha transparencia se respira hoy. El rumor sigue… no me gusta nada.

Ramón: Sigue y aumenta. Ven chico, carguemos los fusiles y tengámoslos a mano. Que te ha sentado bien el aire caribeño, ¿eh, Ernesto?

Ernesto: No puedo creer tu buen humor. ¿Qué te pasa estás de joda, Ramón? Pásame mi fusil. Estamos rodeados, lo confirmo aun siendo médico y sin saber nada de rebeliones. Sin saber nada de tácticas y focos.

Ramón: y eso está muy bien, Ernesto. Pero yo ya lo sabía hace un buen rato. Chico, mira. Es en estos momentos que solo quiero tocar tu mano y fundirme en ti. Somos dos, pero uno. Y no importa que tan fuerte suena la hojarasca pisoteada por este ejército. Quiero fundirme contigo, Ernesto, y que recordemos todo. 

domingo, 30 de junio de 2013

Machuca

Les dejo una película chilena, que me gustó mucho. Está situada entre el gobierno de Salvador Allende y el golpe y derrocamiento perpetrado por Pinochet y demás amiguitos, en 1973, y se basa en una medida que se llevó a cabo en el gobierno de Allende. Esta medida era becar a chicos de las villas y barrios humildes para que pudieran asistir a clases en los mejores colegios, los cuales eran privados. La película trata sobre el intercambio cultural que se produce entre dos chicos, uno de un barrio muy pobre y otro de una familia llena de guita, todo esto en el contexto histórico que ya expliqué, muy tenso, cargado de discriminación y de fachismo. Es un peliculón, aunque un poco fuerte y conmovedor. La calidad zafa bastante bien. Espero que les guste y que disfruten la peli, gente, les mando un abrazo.

Película:


sábado, 29 de junio de 2013

Mojado de luz

Amanecido estoy, el sol me moja con su luz.
Ay, recuerdo el temor, pero no tanto, no me llena todavía.
Así me voy armando: agarro colores, bordes y melodías.
Así voy recordando, lindos días soleados, bellos los de lluvia.
Y aún todavía no alcanza. Agarro ramas, silencios, senderos.
Allá a lo lejos me esperan, e iré caminando con la frente sincera, con las piernas serenas.

jueves, 27 de junio de 2013

Libro del Pie - Diego Seoane

Bueno, gente, les dejamo' un libro muy pero muy lindo, de un escritor que conocimos en El Bolsón. Un artesano de las letras y las ideas. Es un libro muy especial, fuera de lo común. No sé si encasillarlo en un género, sería imposible, trata sobre lo que uno quiera o pueda entender... Tiene mucha poesía en sus pequeños textos, muchas preguntas geniales que te dejan pensando o te hacen reír, en fin, un libro hermoso. A mi me hace bien leerlo siempre, porque me hace acordar a la persona que me lo regaló, una persona muy linda, como este libro...

Link del PDF


http://es.scribd.com/doc/146930878/Libro-Del-Pie-PDF

Le agradecemos a Diego Seoane, el escritor, por dejarnos compartir su libro y por hacer que el arte sea libre. 

lunes, 24 de junio de 2013

Cafeína

Intento estudiar. No puedo, no sale, no  entiendo nada. Giro en círculos. Me preparo un café y lo bebo de a poco; el calor entra despacio por mi cuerpo y sale en forma de vapor por las orejas. Casi instantáneamente empiezo a comprender con pasmosa claridad ese lío de letras y letritas, conceptos y términos extraños. En quince minutos ya cacé todo, ya le di tres vueltas a las teorías más complejas, ya me río de todos los quilombos académicos. Y sí, con café cualquiera es un genio, en serio eh.

Pestañeo y vuelvo a la realidad. No te hace genio, pero sí que estoy mas despabilado.

Crónica de un extremista

No sé ni cómo carajo llegué a esta situación. No sé cuándo fue que se descarriló todo. Pero lo evidente es que, con mi metro ochenta y uno y mis cincuenta kilos (con toda la furia), resulta increíble que pueda sostener el arma cuyo caño posa sobre mi sien.
Hago un repaso mental entre tembleques de miedo o frío, no sé. Jamás en mi vida me encontré tan acorralado entre dos ideas absolutamente contradictorias y por más que le dé vueltas al asunto, no consigo elaborar una respuesta convincente para mí mismo. Decido que lo mejor es hacer una revisión autobiográfica, para captar todo lo que encauzó mis decisiones hasta traerme a este punto decisivo.

Creo que el proceso empezó hace varios años. Estaba ojeando una revista de nutrición (no sé por qué estaba leyendo esa boludez), cuando encontré un artículo escrito por un vegetariano, explicando las ventajas de no comer carne, y también desarrollando toda una dimensión moral al respecto, sobre la vida del animal y bla bla bla. Aún ahora no puedo terminar de entender por qué tuvo el efecto que tuvo en mí, pero la verdad es que me impactó mucho y en ese mismo momento decidí dejar de comer carne. Busqué información, me contacté con conocidos vegetarianos y me puse a diseñar la dieta.
Con el paso del tiempo me fui obsesionando cada vez más y más con el tema. Me metí en grupos ecologistas, investigué sobre la explotación que sufren los animales criados para ser comidos, las condiciones por las que pasa un pollo antes de llegar a la mesa, o como les succionan hasta el último mililitro de leche a las vacas. Mientras más conocía sobre el asunto, más me asqueaba la industria alimenticia, y más importancia le daba a la dimensión ética de no comer carne. Decidí que no era suficiente con eso, y dejé de consumir productos derivados de animales: huevos, leche, incluso queso, cualquier otro derivado de animales fue borrado de mi dieta.
Pasaron varios meses, un par de años. En un viaje conocí un personaje increíble, un asceta que vivía en las sierras y que había llevado el respeto por los seres vivos varios escalones más arriba que yo. Su filosofía de vida entera se basaba en el cuidado alimenticio y en el respeto a cualquier forma de vida. Fue una de las personas que más influyó en mi pensamiento; reflexionando en retrospectiva, quizás sea uno de los que más influyó en que yo ahora mismo esté sosteniendo un revólver apuntando a mi cabeza, o quizás no y soy injusto al culparlo al pobre hombre de mi extremismo.
Él me enseñó que los tubérculos sufren cuando los sacamos de la tierra y los comemos. La planta, despojada de raíz, muere de tristeza, eso me enseñó.
El asceta comía solo alimentos que no perdieran la vida en el proceso de ser cosechados: frutas, hojas de plantas, zapallos, ajíes, etc. Después de pasar varios meses con él, había aprendido a preparar diferentes comidas con las nuevas limitaciones. Había bajado varios kilos, pero no me importaba: mi felicidad era absoluta al saber que contribuía a que menos seres vivos perdieran la vida por mi culpa.
Sin embargo, creo que no fue bueno. Me puse tan obsesivo con esto que mis amigos me hinchaban las bolas: “dejate de joder negro, comete esa ensalada de papas, está espectacular” o “dale Emanuel, comete unos huevos revueltos”, cosas por el estilo. Hasta que, un día, quizás harto de escucharme hablar contra la matanza de seres vivos y la natural tendencia del hombre a destruir todo lo que toca uno me dijo: “¿Y los pibitos que hacen trabajo infantil, para que vos tengas la pilcha o el celular, eh?, ¿Qué onda Ema, te preocupa más que la vaca no sea explotada, a que el pibe de 10 años esté trabajando en vez de ir a la escuela?”. Golpe bajo. Me cayó como baldazo de agua fría. El cuestionamiento era irrefutable. Le di la razón y me juré a mí mismo terminar con la poca hipocresía que aún anidaba en mí. En los primeros días después de esa revelación, decidí dejar mi ropa comprada y hacérmela yo mismo. Al principio, los resultados fueron espantosos, pero poco a poco logré la práctica necesaria para poder vestir mínimamente de forma digna. Al poco tiempo me fabricaba remeras, o túnicas, un poco amorfas, pero sin manchas de la sangre explotada de los trabajadores de medio oriente o China. Un peso se había ido para siempre de mi corazón.
Paralelamente a esto, vi un documental de periodismo de denuncia sobre las horribles condiciones en que trabajaban los empleados de la industria telefónica y del poder contaminante de algunos de los componentes más boludos de un celular. En un arrebato de indignación, arrojé mi celular contra el cemento de la vereda. Destrozado que daba lástima, quedó. Punto importante, al caer tuve tanta mala suerte, que aplastó una fila de hormigas que pasaban por las baldosas. Casi llorando me acerqué e imploré que todas estuvieran vivas, pero una o dos habían sucumbido a la furia salvaje de Samsung.
Esto me hizo dar cuenta del detalle central que me condujo acá: cada vez que me movía, mataba un montón de organismos unicelulares. En un primer momento, aparté la idea de mi cabeza, considerándola absurda, apelando, en un juicio imaginario que se desarrollaba en mi cabeza, al sentido común.
Sin embargo pasaron un par de noches en las que sufrí insomnio, o si lograba pegar un ojo, soñaba con un gigante que aplastaba a mi familia, y yo alcanzaba a avizorar el rostro del gigante asesino y era mi propia cara. Medité mucho sobre el tema y puse especial cuidado cada vez que me movía, apoyando solo la yema de los dedos, o la punta de los pies. Sin embargo, no había caso: dormido aplastaba miles de millones, más, miles de billones de billones de formas de vida unicelulares que vivían en mi cama.
Empecé a enloquecer. Los sueños me atormentaban; en ellos me veía a mí mismo como un asesino serial que no se preocupaba por nadie más que sí mismo y mataba sistemáticamente a cuanto ser se pusiera al alcance de su mano. Adelgacé, mi ya escasa dieta se volvió exigua. Me cansaba rápidamente si estaba parado, más aún porque intentaba andar en puntas de pie, o de sentarme en el borde de las sillas y ocupar menor superficie. No lograba descansar. Por fin, comprendí que sería inútil, todo lo que hiciera, dañaría a otros seres vivos.
Y acá volvemos al principio de la cuestión. Cuando comprendí esto, resolví que la única forma era acabar con mi vida y liberar a todos los seres vivos de mi destructiva existencia. Sin embargo, en el momento definitivo me detuve. No fue miedo, hace tiempo ya que sólo era un espectro de mí mismo, no tenía miedo. Fue constatar que de mi existencia dependían infinidad de organismos con los cuales yo desarrollaba una relación simbiótica, y que morirían a menos que yo no me volara la cabeza.

Y acá estoy, todavía. Pasó un tiempo considerable y no puedo decidir qué hacer. Después de varias horas, acepté que era inútil intentar sacar un balance: qué generaría más organismos muertos, si mi suicidio o mi vida. Lo pienso, lo repienso. No tiene sentido. A Dios se le tuvo que haber escapado este detalle. Es una ecuación sin solución, un absurdo. Lo giro, lo miro de todos los ángulos, pero no, no hay caso.
Y acá estoy. Acá estoy. Extenuado, temblando de cansancio, raquítico y demacrado; loco de culpa de matar al vivir, loco de culpa de matar al morir.

sábado, 22 de junio de 2013

Puravida

Acá dejamos un corto animado que hizo un artista compañero, Nahuel de Vedia, muy lindo. De paso cañazo, les dejamos también una página de face y una de flickr, donde pueden ver otros de sus dibujos e ilustraciones.



Los Dibujos de Tintavlek (face): http://www.facebook.com/Tintavlek
Tintavlek (flickr): http://www.flickr.com/photos/tintavlek/


Y el corto:

Les digo, nos decimos

Cada tanto me gusta apuñalar un poco las hojas del otoño pasado, que aún se deshojan, se deshacen, dentro mío; me brotan y yo las nazco, olvidándome de ser árbol. Quizás así pueda el invierno de este año congelar el resto de frutos rojos que persisten, que insistentes intentan reproducirse. Pero el árbol que soy no los deja (no me dejo, no nos dejo) y les dice (les digo, nos decimos): eso está muerto. Bien muerto: acostúmbrense, frutos rojos. Ustedes están muertos. Todos lo estamos. 
Y es entonces cuando las puñaladas ya no tienen sentido. Uno pensaría que si mata a la muerte, nace vida. Pero no. Solo mata a la muerte; ni más, ni menos que eso.

Lo que has hecho siempre: quererme

Hola a todos en este invierno! les dejo un cover de una banda rosarina que me encanta. Se llama Sig Ragga, y el tema, "lo que has hecho siempre: quererme".
La música una fuerza que atraviesa el alma y siembra un fruto adentro, que una vez que crece, nada puede detener.
Que lo disfruten!



martes, 18 de junio de 2013

Grito

Voy a gritar tan fuerte, que se le van a reventar los tímpanos al Universo. Espero, me disculpen.

Memoria

Por más que hayan pasado centurias enteras, hoy todavía puedo sentir el arroyo de montaña, absolutamente helado, bañarme las espaldas y entumecerme los dedos, cada vez que recuerdo ese pensamiento: la imagen al atardecer de un glorioso cielo turquesa entregándose seductor al abrazo del sol incendiario.
Recuerdo y constatación: no existe nada; sólo la sal húmeda de mi rostro.

domingo, 16 de junio de 2013

Me encontré con mi familia

Me encontré con mi familia. Corríamos en lanchas, botes; escapábamos. Eramos una pareja y los oficiales nos perseguían; la policía. Pero de pronto: mis padres, mis hermanos, encarnados en otras personas, otro tiempo. ¡Él es tu padre! No, no, ese no es. Es ése. ¡Pero si ese es un amigo!
Y de pronto la figura de mi madre, joven, de otra época. Me seduce, quiere estar conmigo, olvidarse que soy su hijo. ¡Pero no! Si sos mi madre, es imposible, nunca va a pasar. Y se averguenza, se disculpa.
Y ahora la casa de mis abuelos, otro contexto ¿Qué tiempo? Ya no sé. Recuerdos de personas, combinaciones, parejas perdidas.
De vuelta a la lancha: nos paran, estábamos excedidos de velocidad. Y nos llevan a un apartado, un barrio humilde, calles de agua y muelles, ropa colgando. Nos piden datos (somos la pareja), documentos. ¡No pueden saber quiénes somos! Uno muestra un mapa, indica el camino por el agua; costas cercanas, islas. Yo marco la ruta que vamos a seguir con mi chica y se marca con línea punteada en el mapa.
La otra pareja (que aparece de pronto) se enoja con nosotros; debemos seguir nuestro propio camino.
Ahora estamos encerrados en jaulas. Son casas en los árboles, lianas. Es un valle. Un imperio azteca. Veo la vista desde nuestra casa. Árboles y más árboles.
¿Trepo? Me escapo. Me sigo escapando. De aquí salta a las familias que se encuentran. El principio, pero no. 
Hay algo que se oculta. Que me da miedo. Esos rostros. Es un pelado gordo, grotesco. Veo sus ojos rojos. Su cara entre sombras. Apareció, pero ya no.
No logro encontrar a la familia completa. A mi familia. Cada uno está en su tiempo, en distintos cuerpos. Ya son otras personas.

Viaje

Te veo. Sos una voluta de suspiro deslizándose por las sienes transpiradas. Te toco y siento tus vetas, madera maciza, sensual. Olés a armónicos. Tenés los colores del otoño, hoy. Te respiro y, diluida, vas mezclando poco a poco los ingredientes de mis pulmones con los de tu iris. 
Por segundos, me detengo ensimismado y solo pendo de un hilo, del único hilo. La cuerda del suicida, la pestaña más fina del universo me sostiene de las uñas. Todo transcurre lento, pausado, espeso. El tiempo se derrama pegajoso, como miel y las horas pesan. El viento se abre paso para liberarnos del sopor y trae en su grupa un poco de aire fresco de los Andes. Nevisca.
Quiebro ramitas y troncos: armo la casa del fuego: donde arderán los restos de sí mismo. Suave, lento, calmo, voraz, ardiente, rojo, violento. El fuego quema y es incendio en tus ojos. La noche despliega mil constelaciones y solo existe el rumor del lago que lame las piedras de la orilla. No hay otra cosa que la noche y el fuego, las estrellas y el agua susurrante. 
Es arena que se sintetiza, se transforma en vidrio y el vidrio se quiebra y sus astillas cortan la piel y la carne y las venas, y después es vidrio manchado, manchado con mi sangre, y es lengua que lame herida y es agua que lava la piel. Son las pieles las que devora el incendio. De golpe no entiendo dónde estoy parado. Miro a la derecha, a la izquierda. Observo hacia arriba y hacia abajo. No sé dónde queda la huella que seguía. No recuerdo dónde dejé estacionado el coche. Tampoco recuerdo si tenía coche. ¡Mierda, si ni siquiera recuerdo qué es un coche!
Empiezo a caminar en un mar de barro. Los pies torpes se hunden en la tierra húmeda y me absorbe toda la energía esa caminata sin sentido. Busco un barco que navegue los barriales y me lleve más allá, a los puertos olvidados, los puertos donde es ocaso para siempre, y otoño, y a veces llovizna para que las hojas siempre sean vivas y marrones y verdes y azules. Las ilusiones se suceden una tras la otra y poco a poco empiezo a dudar de mis manos, las cuales me apuntan preocupantemente. Los ojos se tornan inútiles, pues la noche es día, y entre lo visto y lo hecho no existe correspondencia alguna. Son todas posibles verdades, posibles mentiras. Las manos se deshilachan y los brazos caen en jirones. Yo soy un jirón. Respiro una bocanada más de humo y me convierto en una brisa suave que se aleja de todo, excepto de mí mismo. A dormir.

La Noche

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

-Eduardo Galeano-



jueves, 13 de junio de 2013

Rebelión en la granja

Hola, les dejo una peli para que vean si es que ya no lo hicieron. Está espectacular, basada en una novela de George Orwell. Me gusta mucho como está hecha, los dibujos, los personajes representados. En fin, que la disfruten, peliculón.



Casi estatua

Es esta inmortalidad de la que estoy dotado, la que me hizo pensar. Vivo en estatua desde hace mil años y todavía no me aburro. Cuando veo que se acercan por la plaza, contingente tras contingente, los turistas, yo los observo y me dispongo a ser fotografiado. Es divertido. Ellos piensan que no siento, que no vivo ni existo, que soy solo copia del verdadero. Pero no entienden que el héroe termina siendo él copia de sus estatuas.

martes, 11 de junio de 2013

Cuestiones existenciales

Paso mucho tiempo pensando. Pensando qué soy, quién soy. ¿Cómo es que existo, que puedo pensar qué soy? Es loco pero si digo: buen, soy 78% de agua... ¿qué, soy de gelatina?, ¿cómo estoy parado? ¿Cómo es que no me caigo y me derramo por entre grietas y juntas de baldosas?
Ah... es que sí me derramo. Por otros sitios. Mi ser líquido puro, una esencia diluida  se filtra entre los poros de las pieles. Me detengo en la terraza y observo a los barcos anclados en los puertos. Los maderos, las velas izadas y los capitanes vociferando órdenes. Se van a cazar serpientes marinas. Vamos, que eso bien podría ser catalogado de asesinato. Yo no sé si soy serpiente marina; tranquilamente podría serlo y no saberlo.
Después de todo, me sigo preguntando, segundo a segundo, qué soy.
¿Idea? ¿Pensamiento? ¿Número de las estadísticas? ¿Nombre y apellido y número de documento en un padrón electoral? ¿Hombre diminuto entre millones del planeta? O soy un piojo... ¿Y si somos piojos y la Tierra una cabeza?
¿O impulso eléctrico? ¿Y si soy impulso eléctrico en la transmisión de una idea de una neurona a otra?
¿Y si me estoy multiplicando, elevado a la raíz del infinito, eterno número de eternas cifras y eternos impulsos? ¿O soy solo un trazo, una línea en la genial obra de un artista?
Si pienso que soy una idea, bien, veamos. El que me piensa es algo así como un Dios. Un ser superior, ya que solo soy un pensamiento de una sola de sus millones de neuronas (suponiendo existan las neuronas, y suponiendo que en el caso de existir, los dioses tengan) Pero, ¿por qué no creo que él sea un Dios? Yo tampoco lo soy, y siento que es circular. O quizás todos somos dioses. Pero no. Yo soy idea, y al mismo tiempo, tengo ideas. He dado vida y nombre a personajes imaginarios, historias sin fin. Soy pensado y pensador; un circulo vicioso creador que se retroalimenta para siempre, eso somos tal vez.
Y soy 78% de agua, soy una gelatina. De kiwi.

lunes, 3 de junio de 2013

jueves, 30 de mayo de 2013

Corto Abuela Grillo

¡Buenas! Quería compartir algo que me gustó mucho en internet. Un corto, sobre la Pachamama, parece, o una viejita que canta y hace que llueva. Bueno, mirenlón, es muy lindo. 
El corto está basado en un mito, una leyenda, y fue realizado por una fusión de bolivianos y franceses. Además colaboran otras personas de distintas nacionalidades en la música y otros detalles.  A ver...





Cuando la palabra no es

Cuando la palabra es dicha, cuando se la suspira, o se la escupe, cuando la respuesta no existe, y solo existe la palabra, que sin respuesta tampoco existe; cuando la palabra no resuelve nada: no es.
La palabra no es.

Cuando miro el espejo y le susurro la palabra, que no dice nada, no emite sonido, no explica ni describe, no agita sensaciones, no provoca amores; cuando no resuelve nada: no es.
La palabra no es.

Cuando me vuelvo loco y marco las líneas con decisión, con catársis, con ira artística. Cuando las líneas de la palabra no son suaves, sino negras, oscuras, delineadas y profundas. Cuando la palabra indica desquicio, caos. Cuando la palabra no da calma, no tranquiliza, no estanca la laguna; cuando no resuelve nada: no es.

La palabra no es.

Y ahora, ahora que mastico la palabra y la hago goma, ahora que la extirpo de mi cerebro para lanzarla al vacío del exterior, ahora que la palabra es pronunciada y se lleva, junto con el sonido, un pedazo de mí mismo, un profundo secreto, o un terror de esos que muerden los talones, o un último vestigio de posibilidad; ahora, cuando la palabra no rebota en otros labios y no atraviesa las carnes y venas de los cuerpos desnudos, ahora, cuando no arriba, ni echa sus anclas, ni toca la piel, no deposita su carga tampoco y entonces no resuelve nada, no es.

La palabra no es.