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miércoles, 2 de abril de 2014

Puntos.

Lo lincharon, por no saber qué sentía él cada amanecer madrugador, cuando abría la puerta de su casa y salía a la calle, preparándose. Preparándose a que una parte del mundo, esa tan brillante y llamativa, tan putrefacta de desdén helado, de desidia, de vacío, lo escupiera en la cara, como siempre, como todas las mañanas madrugadoras que él amanecía.
Lo lincharon porque no entendieron nada, de nada, de nada. Y porque ya nadie entiende nada, si una cartera vale más que un pibe que se levanta temprano tiritando de frío en la humedad de su casilla, con las tripas gimiendo de hambre adolescente. Porque si su vida vale una cartera, entonces yo no quiero vivir acá. Yo prefiero ser de esos que la ciudad escupe, porque sino soy de los que escupen. Y no quiero eso, yo estoy podrido de ver eso. Y que linchen. Y que amenacen con genocidios nuevos. Y que griten insultos y frases hechas de las que Hitler estaría orgulloso. Yo estoy podrido de ver que una sociedad entera se caga en lo que realmente pasa y la solución a la que arriba es linchar a un pibe, perdón, no se entiende: ¡LINCHAR A UN NENE, A UN GUACHITO DE 18 AÑOS! De 18 años... 18 años. 18. Y es que estoy podrido y angustiado de tener que escuchar la moralina básica de todos esos asesinos enfermos psicópatas y los otros también, los que los felicitan y vitorean y aplauden orgullosos y ejemplifican: "¡Sí! ¡Así! Eso hay que hacer: matarlos a todos esos chorritos", que son los que después con aires cínicos me dicen qué tengo que hacer, qué está bien y qué está mal y qué corresponde y qué es mejor y qué es más rentable y eficiente (ah, sí, sí, porque estos piensan en esos términos tan puestos de moda en el neoliberalismo, que les quedó tatuado, aunque hayan perdido, igual lo naturalizaron).
Pero vos te olvidas, pedazo de fascista, vos te olvidás muchas cosas.
Vos te olvidás que vivís gracias a todos esos chorritos, porque en realidad los chorritos son chorritos porque primero les expropiaron hasta las ganas de vivir. Les quitaron el aire y se lo cambiaron por el humo del paco. Les pasaron por arriba con las topadoras, por el 76, en la dictadura esa que seguramente defendés. Los contrataron para pagarles 2,5 y que vos tengas más ganancia. Los culparon de todo lo que estaba mal, y lo reprodujiste en cada televisor. Y algunos lo creyeron y se contagiaron. Y hasta algunos de los mismos guachitos, se creyeron el mal de la sociedad. Violencia, eso es violencia; no una cartera de mierda marca Dior. Vos te olvidás que el 2001 no lo sufriste vos solo, mediocre de clase media, que ahora que estás mejor, lo único que te importa es que nadie te saque el mango, pero que si los demás se tienen que cagar de hambre, que se caguen. Vos te olvidás, linchador, que ese pibe tiene una historia entera y que vos y tu malidito prejuicio no te dejan ver nada de nada de toda esa historia y que las cosas no son porque sí, que ningún pibe nace chorro, que pasaron mil cosas entre medio y que seguramente vos nunca las vas a entender, porque no te importa, porque preferís linchar y creerte mejor. Te creés con derecho. Hablás de "nosotros" y de "ellos" como si el país hubiera sido hecho para vos y a tu antojo. Miserable. Egoísta. Fascista. Asesino.
Vos que linchás, y vos que aplaudís también, los dos son una mierda. Son el peor residuo de todo esto. Y algún día te juro, te prometo, que vamos a tirar la cadena.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Nunca más

Me gusta el 24 de Marzo.
Me gusta, porque estamos vivos y somos muchos. Porque respiramos todos juntos.
Me gusta, porque esos asesinos y torturadores de muchachos, y ladrones de bebés, están con el culo entre las manos sabiéndose ajusticiados. 
Me gusta también, porque planificaron la destrucción del que discute y el que cuestiona, del que es "subversivo" (el que subvierte el orden establecido, o lo intenta, o al menos lo imagina y lo construye en su cabeza, con el pensamiento); me gusta porque planificaron la destrucción de ellos, los mejores y de todos los que vinieran después, pero no. Pensaron aterrorizar tanto, que "política" sea relacionada a tal punto con muerte, con desaparición, con tortura, con lo incorrecto o lo malo, que esperaron que ya nadie se acercaría a la palabra. Fracaso. Fracaso absoluto: somos más, somos nuevos y vamos por vos, asesino, y por vos también, el que pusiste la tarasca, la logística. Vamos por todos los que tienen responsabilidad. Les vamos a llevar caramelos a la cárcel, para mirarles el rostro desgañitado, decrépito, y recordarles que recordamos, todo el día, todos los días. Todas esas cosas quisieron generar y todas esas cosas fallaron: matar a los militantes (ahora somos sus hijos), matar la inquietud por este sistema maldito (ahora volvemos los subversivos), despojar de significado a la política (ahora la usamos para construir en cada barrio), aterrorizar a tal punto que la gente se aliene en la soledad de sus casas-cárceles (ahora estamos en la plaza y somos cientos de miles los que agitados gritamos las consignas que habrán de atemorizar a cada responsable en sus agujeros podridos, por saberse en la mira, por saberse no impunes). Por saberse no impunes. Porque eso los aterroriza, los paraliza como a unos conejos asustados perseguidos en el bosque por un puma. Nunca fueron más que eso, una manga de cagones que se escondieron en el poderío material de sus aparatos y sus instrumentos de tortura. Tienen menos dignidad que la muerte tan poco digna que trataron de dispensarles a nuestros desaparecidos. ¡No nos importa! ¡Los seguimos encontrando! ¡Esos vuelos de la muerte, fueron más tu condena que nuestra desgracia! En nosotros el ejemplo se introduce hasta emborracharnos de lucha. Nos diste un espejo donde mirarnos y buscar reconocernos todos los días... ¿y con eso? Que aún nos falta mucho para reconocernos, por eso cada amanecer seguiremos intentado superarnos a nosotros mismos. ¿Qué quiero decir? Que en tu cerebro de bestia de carga (y que me perdonen los bueyes y burros y caballos), que solo podía acarrear con toda la miseria que te regalaban al por mayor desde la Escuela de las Américas y los paracaidistas franceses y todo el establishment; en tu cerebro obtuso, cuadrado y sádico, jamás imaginaste que con tus actos de torturador asqueroso, de cínico desaparecedor de vidas y cadáveres, terminarías desencadenando la peor de tus persecuciones y la más fuerte identificación de toda esta nueva Juventud. Jamás pensaste en potenciar lo que combatías, pero por eso ustedes son solados: porque obedecen, no piensan. Obedecen a los agroexportadores, a los medios masivos de comunicación, a la oligarquía podrida con olor a bosta de vaca y a los intereses del exterior. Fueron utilizados y cometieron terribles hazañas y acá nos tenés ahora a todos los nietos, los hijos, los hermanos, los sobrinos de esas generaciones, luchando como siempre para que jamás sea olvidado lo que hicieron. 
Pero vos sí. Vos vas a ser enterrado en el más profundo olvido. Los que vos desapareciste, los jóvenes maravillosos tendrán sus placas, sus nombres. Su justicia. Vos no, vos ya moriste hace mucho tiempo. 
Sólo eso fuiste, sos y serás: cáscara vacía.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Lanata: suicidio ideológico

Lanata estuvo toda la semana pensando y repensando las ironías con las que fascina a su público en el programa de cada fin de semana. Las ironías, vacías de contenidos, llenas de omisiones, chorrean por su boca y remiten a la Ley de Medios. Cada ironía resbala, como una gota, por sus labios y va decantando, poco a poco la dignidad de Lanata. Cada una, como una tortura china, va socavando gota a gota, la dignidad del periodista que olvidó. Olvido y traición: el periodista que proclamó: "Cualquier país en serio no permitiría un monopolio de los medios de comunicación", o mejor aún "Yo no sería tan obtuso de oponerme a una ley solamente porque la proponga Kirchner", está agobiado y demacrado internamente. Nadie sale incólume de despojarse de las ideas que lo hacen identidad; nadie traiciona a su público sin traicionarse a sí mismo. Nadie traiciona sus ideas, sin suicidarse en el intento. Quién sabe si está enterado de que es cadáver exquisito; si le comentaron, que es muñeco de ventrílocuo.